28 mar 2009

CAZA MAYOR


—He leído en los periódicos —dije apurando mi cerveza— que la nueva máquina del tiempo de
Stanford ha sido adelantada dos días en el tiempo, llevando en su interior un ratón blanco que no padeció
efectos nocivos.
Jack Trent asintió y dijo, muy serio:
—Lo que deberían hacer con ese invento es retroceder algunos millones de años y averiguar que
ocurrió con los dinosaurios.
Durante los últimos minutos yo había estado observando casualmente a Hornby, que ocupaba la mesa
vecina. El individuo alzó los ojos y se encontró con mi mirada. Estaba solo y a su lado tenía una botella de
la que había bebido la cuarta parte. Tal vez por eso no habló en ese momento.
Sonrió y se dirigió a Jack:
—Demasiado tarde, viejo. Hice eso hace diez años y lo averigüé. Los sabihondos dicen que fue debido
a los cambios climáticos. No es verdad. —Levantó el vaso en silencioso brindis y lo apuró de un trago.
Jack y yo nos miramos. Sólo conocíamos a Hornby de vista, pero Jack me guiñó el ojo derecho y
meneó ligeramente la cabeza. Sonreí, nos trasladamos a la mesa vecina y pedimos otras dos cervezas.
Jack miró a Hornby con solemnidad.
—¿Realmente inventó una máquina del tiempo?
—Fue hace mucho —Hornby sonrió amigablemente y volvió a llenar su vaso—. Mejor que la chapuza
de esos aficionados de Stanford. La destruí. Dejó de interesarme.
—Hablemos de eso. ¿Dice que no fue el clima lo que acabó con los grandes saurios?
—¿Por qué habría de serlo? —Nos lanzó una rápida mirada de soslayo—. El clima no los afectó
durante millones de años. ¿Por qué habría de borrarlos tan completamente una súbita temporada seca,
mientras otras especies seguían viviendo con toda comodidad? —Intentó chasquear los dedos a modo de
burla, pero le salió mal y terminó murmurando—: ¡No es lógico!
—Y entonces, ¿qué pasó? —inquirí.
Hornby vaciló, mientras jugueteaba con la botella. Luego respondió.
—Lo mismo que acabó con los bisontes: ¡seres inteligentes!
—¿Los hombres de Marte? —sugerí—. Era demasiado temprano para los habitantes de la Atlántida.


sin tener la veracidad en sus mentes...

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